Aquel que en sábado se postra en cama
y mudo duerme de día,
es testigo del silencio eterno,
donde encuentra su voz vacía.
Nosferatu, sombra de lo eterno,
se pierde en la penumbra y fría calma.
Allí, en la vasta noche,
todo yace hecho, incluso el alma.
La luna, testigo muda del abismo,
ríe con la sonrisa de extranjera.
Convierte en música el mal que pesa,
y en su resplandor, la nada espera.
Adiós a la última noche,
un paso incierto al borde del día.
En un día, o dos, camina...
llevando a Dios como su agonía.
y he aquí que la bella doncella ofreció su amor a la bestia --y con él yació-- en estrecho abrazo --hasta que el primer gallo cantó--- rompió así la maldición y los liberó de la plaga de Nosferatu